TEMA 12: LA RELIGIÓN ESTATAL
A.1==> La religión estatal
Los pontífices se encargaban del culto público dirigidos por el Pontifex Maximus. Literalmente los constructores de puentes, formaban el calendario, los días de fiesta, los días propicios, las solemnidades, los días de culto y los destinados la justicia, y concedían la palabra en reuniones y otros actos. Con el tiempo los pontífices fueron los guardianes supremos del culto y sus anexos. El Colegio de los Pontífices era elegido entre personajes respetados por todos.Los augures adivinaban el futuro en las entrañas de animales, el vuelo de las aves y otros signos considerados como signos enviados por los dioses (lo que les permitía retrasar ciertos actos si declaraban que los auspicios no eran favorables, y hasta podían lograr la anulación de votaciones, lo que les hacía muy influyentes), inspirados en las artes etruscas.
A.2==> El culto al emperador
Bajo la denominación de culto imperial se incluye el conjunto de rituales realizados en honor del emperador romano y su familia. (Una vez al año los habitantes debían quemar incienso ante su estatua, diciendo: “César es Señor”)Anteriormente Alejandro Magno había afirmado ser descendiente de los dioses de Egipto, y decretó que debería de ser adorado en las ciudades de Grecia
A su vez en Roma, Julio César fue el primero en ser nombrado dios. El Senado votó para que se le construyera un templo y se instituyeran juegos en su honor. Después de su muerte fue llamado “Divus Iulius”, lo colocaron entre los demás dioses y le dedicaron un santuario en el foro. De igual manera, Octavio se hizo llamar Augusto, fue honrado como divino y se le puso su nombre a un mes del año (Agosto) tal como había sucedido con su padre (Julio). Aunque Augusto en vida no pidió ser adorado, después de su muerte el Senado le elevó al rango de dios y lo declaró inmortal.
El objetivo principal de este culto era demostrar la superioridad del gobernante (mediante su adscripción a una esfera divina), y la sumisión de los habitantes a los dictados de aquél.
La adoración del emperador (que en realidad era política más que personal) fue un elemento poderoso de unidad en el imperio, puesto que era una especie de deber patriótico.
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