miércoles, 5 de junio de 2013


Roma
Los Romanos dividieron la duración de la luz del día en doce horas contadas desde el amanecer hasta el crepúsculo. Se referían a las horas con el ordinal, de modo que a la una la llamaban hora prima y así sucesivamente hasta la hora duodécima. Podemos comprender rápidamente que si la una era el amanecer y las doce el atardecer, las seis, la  hora sexta (de donde viene nuestra palabra 'siesta'), sería el mediodía.
La noche se dividió al principio en cuatro vigilias. En el ejército pervive esta antiquísima división en las guardias nocturnas. Pero ya al final de la República se adoptó la división en doce horas, origen de nuestro horario moderno.

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